Antonio M. Sánchez
Que nadie se confunda al ver las fotos. En los Monólogos de la vagina que están a punto de llegar a Valencia (el jueves día 23) trabajan esas tres jóvenes y guapas actrices, pero aparecerán sobre el escenario elegantemente vestidas de negro. Esta obra es atrevida, cierto, pero no porque muestre una escandalosa puesta en escena ni, mucho menos, porque intente rascar el bolsillo del público explotando el atractivo comercial y facilón del sexo.
Los Monólogos de la vagina dirigidos por Gabriel Olivares, también responsable de la versión que se verá en el Teatre Flumen, pretenden, como el texto original (Eve Ensler. Scarsale, Nueva York, 1953), luchar contra el pudor y el miedo que todavía hoy, bien entrado el siglo XXI, sigue provocando en tanta gente, incluidas muchísimas mujeres, el solo hecho de nombrar los órganos sexuales femeninos.
Metáfora y realidad.
En realidad, la vagina funciona aquí como un vehículo en el que subirse para hacer un divertido, ilustrativo y balsámico viaje por la amplia y variada problemática femenina. La vagina funciona, por tanto, como metáfora, «pero a la vez es algo absolutamente real —nos dice Rebeca Valls—, porque se trata de abrirse las piernas, ver qué hay ahí verdaderamente y acabar con el pudor de enseñarlo. Sin pudor y sin miedo disfrutamos más de nuestro sexo, no permitimos que nos agredan y, en definitiva, somos más libres como mujeres», explica la actriz valenciana.
Valenciana es también otra de las coprotagonistas, Marta Belenguer, mientras que junto a ellas, igual que ocurrió durante el largo tiempo de representación de la obra en la capital de España, está la madrileña Ruth Núñez. Las tres interpretan en estos Monólogos de la vagina a las mujeres de todo tiempo y lugar, a una y a todas a la vez. Mujeres reales con historias auténticas, por mucho que luego hayan sido transformadas para el escenario por la creatividad de una autora que decidió ponerse a escribir espoleada por una mala relación con su propia vagina.
En clave de comedia.
Monólogos de la vagina es una comedia cabaretera y muy divertida. Las tres actrices insisten en destacar esta circunstancia, que justifican afirmando que no hay mejor manera de aprender que divirtiéndose. Eso sí, como afirma Ruth Núñez, eso no le quita ni un gramo de importancia al argumento porque, «aunque se ha avanzado mucho, todavía vivimos en una sociedad machista, y además somos las mujeres las que perpetuamos ese machismo con la educación que les damos a nuestros hijos».
El proceso de creación de los numerosos personajes que aparecen en los Monólogos de la vagina resultó especialmente enriquecedor para las actrices. Marta Belenguer, por ejemplo, explica en este sentido que ella, al igual que sus compañeras, habló con muchas mujeres durante esa etapa de preparación. Madres, abuelas, amigas..., todas ellas les aportaron su experiencia y les explicaron cuál era y es su relación con sus propias vaginas. Rebeca Valls incorpora en este sentido una experiencia personal: «La mujer ha estado durante mucho tiempo bajo la tremenda presión del pecado. Cuando a mi madre le bajó la regla, no la dejaron salir más de casa; en cambio, a mi hermano, menor que ella, le dieron las llaves de la puerta para que hiciera lo que quisiera». Y Marta Beleguer añade argumentos: «En la obra somos muchas y somos la misma a un tiempo. Unas veces, las tres somos la misma voz y otras no. Esto es muy interesante, porque al final quien está en escena es la mujer, independientemente de su país, de su clase social, de sus circunstancias personales. Todas estamos en el mismo barco, porque se sigue cayendo en los mismos tópicos, en los mismos pudores y en los mismos miedos de siempre».
Muchos tipos de vagina.
Una y muchas a la vez, entre 20 y 30 personajes femeninos, o, lo que es lo mismo, una gran variedad de vaginas. Hay vaginas que han sufrido mucho, vaginas ocultas, vaginas agredidas..., y también vaginas que sienten el mayor placer multiorgásmico del mundo. Sirva como ejemplo la de Betty Dobson, «una abuela revolucionaria de la masturbación. Un personaje real —recuerda Rebeca Valls—. Quien quiera conocerla personalmente, puede buscar vídeos suyos en YouTube. Son muy divertidos».
Dobson y todas las demás mujeres se reúnen ahora sobre el escenario del Teatre Flumen, para que el público aprenda mientras ríe. Público femenino y masculino, por supuesto, porque las tres actrices recomiendan incluso que la gente acuda a ver la obra con su pareja. Aseguran que saldrán mucho mejor de lo que entraron...
Fuente: El periódico de Levante