'Cabaret vaginal'

Por Enrique Herreras.
"Monólogos de la vagina" - Teatro Flumen
De Eve Ensler. Int: Ruth Núñez, Marta Belenguer, Rebeca Valls. Vestuario e iluminación: Sandra Prieto. Dramaturgia y dirección: Gabriel Olivares.

La historia de esta obra comienza una tarde en la que Eve Ensler, una activista feminista y directora de escena,  fue a entrevistar a una amiga. El tema era la menopausia. Pero la conversación derivó en elucubraciones acerca de la vagina. Y en una conclusión: "muchas mujeres no tienen conocimiento de su propio cuerpo". Así que comenzó una serie de entrevistas a mujeres de todas las edades y condiciones sociales. De ese material se estrenó un espectáculo (Nueva York, 1996).

Aquí, en España, la versión de la Cía. de Maite Merino se mantuvo en cartel durante un buen número de años. Vi dos veces aquel montaje. Y en ambas representaciones pensé que la propuesta escénica era discreta, que no extraía  todas  las posibilidades del texto. La obra, con una estructura que se adelantó a la actual fiebre de monólogos, es directa, deslenguada y divertida, pero sin obviar tintes dramáticos.   
No sólo aparecen fragmentos de las señaladas entrevistas, sino también se intercalan datos sobre la violencia contra la mujer y algunos cuadros risibles, como el de los diferentes gritos orgásmicos.  Pero, al lado de momentos ingeniosos, hay otros menos logrados. Además, está el reto de los múltiples matices que precisan las actrices.

La cuestión es que desde el primer segundo de esta nueva propuesta escénica de Gabriel Olivares, ya me di cuenta de que todo iba a ir de otra manera, de que la cosa iba a funcionar. Y así fue.

La acentuación del tono de show, incluso de cabaret, ha sido muy beneficiosa (salvo la luz, excesiva penumbra). Y fructuosa. Como también el timbre de las tres actrices. Empezando por Marta Belenguer (¡cuánto ha crecido esta actriz!), siguiendo con Rebeca Valls (gran presencia y eficacia escénica), y terminando por Ruth Núñez cuyo tono de voz comienza distante, pero poco a poco nos adentra también, con notable desparpajo,  a un atmósfera seductora que no sé si es mejor o peor para el fondo de la obra, pero sí para la forma de vivirla como espectadores.

Fuente: El levante